PROLOGO

 

       

Este trabajo es el resultado de una inquietud surgida en el Departamento de antropología de la Universidad Nacional de Colombia a comienzos de la década del setenta. En el curso de los debates desarrollados durante esos años, se me planteó la necesidad de incorporar a las concepciones antropológicas tradicionales sobre la cultura, un punto de vista que permitiera reforzar la teoría clásica para, de esta manera, disponer de elementos de juicio que permitieran una reflexión más acorde con la realidad cultural colombiana y latinoamericana. Esta preocupación coincidió con el redescubrimiento y el intento de apropiación que, por esa misma época hacía del pensamiento de Antonio Gramsci, y con una tendencia ampliamente difundida a pensar el país con instrumentos teóricos más flexibles que los proporcionados hasta entonces por el marxismo militante ortodoxo o las teorías clásicas antropológicas. En esta encrucijada, cobró cuerpo la idea de producir una teoría de la cultura que incorporara las categorías fundamentales del pensamiento gramsciano y que abriera nuevas posibilidades a futuras investigaciones sobre el devenir y la actualidad de nuestra cultura. Sin embargo, esta idea sólo pudo cristalizarse a partir de mi vinculación al Departamento de Ciencias Humanas de la Universidad Externado de Colombia, en el año de 1975.

 

Desde entonces, y en desarrollo de los cursos sobre Historia de la Cultura, dictados para la Facultad de Comunicación Social, se fue perfilando un esquema de investigación que implicaba la necesidad de profundizar en el análisis del concepto gramsciano de cultura, como condición previa a la formulación de la teoría de la propuesta. A lo anterior, se añadió, en razón de determinaciones puramente académicas, la necesidad de integrar esta reflexión a una más amplia que hiciera posible abordar los problemas específicos de la comunicación como problemas de la cultura.

 

Resultado de estas inquietudes y de las discusiones realizadas con los estudiantes asistentes a los cursos de Historia de la Cultura y a los seminarios sobre el pensamiento de Gramsci, fue un primer texto que se presentó como monografía de grado en el Departamento de Antropología de la Universidad Nacional, y que se proporcionó como lectura de clase a los estudiantes de la Facultad de Comunicación Social del Externado, en 1983. En 1985 se puso en circulación una edición de uso restringido, con fines puramente académicos, con el título de Hacia una Teoría Gramsciana de la Cultura: Primera Parte: La Dimensión Antropológica del Concepto de Cultura.

 

El trabajo realizado para esta primera parte no se limitó a producir una sistematización de la concepción gramsciana de la cultura sino que pretendió, además, avanzar en el intento de formular una teoría alternativa que bien podría llamarse «teoría práctica de la cultura», para hacer honor al énfasis gramsciano en la importancia de la Filosofía de la Praxis. En este texto se intentaba avanzar en la elaboración del marco teórico antes mencionado y fijar el status epistemológico del concepto de cultura, estableciendo sus límites y sus alcances. Quedaba por fuera, pues, la elaboración del modelo propiamente dicho, así como su articulación con la teoría de la comunicación. Ese texto, corregido totalmente en su forma y ampliado en un capítulo sobre Popper y el historicismo, se utilizó como material de lectura para los estudiantes que asistían a los cursos regulares dictados en el Externado y en otras universidades, después de 1985.

 

Los resultados obtenidos en esta primera parte de la investigación fueron resumidos en nueve puntos que, a manera de conclusiones, se incorporaron como introducción al texto y que, posteriormente fueron publicados como artículo en la Revista Foro.[1] De manera independiente, también fue publicado como artículo, en la Revista 6 de Noviembre, el capítulo IX de dicho trabajo, intitulado "La Enajenación de la Cultura"[2].

 

A partir de ese momento el proyecto se estructuró en tres etapas, así: Primera Etapa: "Hacia una Teoría Gramsciana de la Cultura: Primera Parte: La Dimensión Antropológica del Concepto de Cultura". Segunda Etapa: Hacia una Teoría Gramsciana de la Cultura: Segunda Parte: La Dimensión Histórico - Abstracta del Concepto de Cultura". Tercera Etapa: "Aplicaciones del Modelo de la Teoría Práctica de la Cultura".

 

Posteriormente, después de un largo proceso de gestión, el 16 de diciembre de 1991 se logró firmar el contrato RC. No. 123-91, COD. CO. 7228-10-002-89, COD. BID, celebrado entre el Instituto Colombiano para el Desarrollo de la Ciencia y la Tecnología Francisco José de Caldas, COLCIENCIAS, y la Corporación Colombiana de Estudios Antropológicos para el Desarrollo, CEAD, con el objeto de financiar, en la modalidad de recuperación contingente, el proyecto titulado "CULTURA Y HEGEMONIA: HACIA UNA TEORIA PRACTICA DE LA CULTURA", con el cual se esperaba dar cuenta de la Segunda Etapa del proyecto, correspondiente al desarrollo de la "Dimensión Histórico - Abstracta". Este contrato venció el 19 de Septiembre de 1994 sin que en esa fecha se hubiera entregado el respectivo Informe Final.

 

Varias circunstancia incidieron en ello. La principal, tiene que ver con el hecho de que, durante el proceso, la idea original del proyecto tuvo que ser revisada y ajustada para adecuarla a nuevas inquietudes surgidas en el desarrollo de la investigación. El cambio más importante consistió en la transformación de la idea original de producir una "teoría gramsciana" de la cultura. Si bien es cierto la columna vertebral de la conceptualización siguió siendo de inspiración gramsciana, el contacto con nuevos autores, pero, sobre todo, con nuevos paradigmas y modelos de análisis cultural, derivó en la necesidad de conectar la reflexión original, de indudable filiación marxista, con los desarrollos del paradigma indeterminista, expresado fundamentalmente por la «teoría de las estructuras disipativas» formulada por Ilya Prigogine.

 

Con ello, el objetivo de formular una «teoría gramsciana de la cultura» perdió sentido, generándose la posibilidad de un enfoque más amplio, rico y actual, abierto a la posibilidad de conectar el pensamiento clásico con los desarrollos de frontera ilustrados por la teoría del caos, la teoría de catástrofes, la geometría fractal, la teoría de la complejidad y la teoría de las estructuras disipativas. Este cambio de rumbo en la dirección de la investigación ha dado origen a una nueva área de indagación sobre «estructuras culturales complejas» y al desarrollo de un modelo de análisis cultural llamado provisionalmente «modelo de análisis de campos de interfase», cuyos resultados preliminares se presentan en el informe técnico adjunto. Esto justifica el cambio de título del proyecto por el de «Hegemonía y Cultura: Introducción a las Estructuras Culturales Disipativas».

 

El estudio de estos nuevos referentes retrasó el desarrollo del proyecto concebido en los términos de la propuesta presentada a COLCIENCIAS, la cual ya no se ajustaba a la concepción de una teoría contemporánea de la cultura, fuertemente incidida por los programas de análisis arriba mencionados.

 

Si bien es cierto la fase de sistematización de la «Dimensión Histórico  Abstracta», de raíz esencialmente gramsciana, quedó terminada en lo fundamental en el plazo previsto,  el trabajo posterior, que aún continúa, está orientado a buscar la integración de esta  conceptualización con los nuevos paradigmas y modelos de análisis. A ello ha contribuido el Seminario de Análisis Cultural que desde hace varios años dirijo en la Maestría de Psicología Comunitaria de la Pontificia Universidad Javeriana.

 

Deseo expresar mi agradecimiento al profesor Guillermo Páramo, profesor y  Decano de la Facultad de Ciencias Humanas de la Universidad Nacional de Colombia, quien posteriormente llegó a ser Rector de la universidad, quien en calidad de Director de mi Proyecto de Grado, hizo sugerencias muy valiosas, y a los profesores Rubén Jaramillo y Marco Antonio Melo, de los departamentos de Filosofía y Antropología de la misma universidad, quienes en su calidad de jurados hicieron juiciosos y valiosos aportes que fueron incorporados a la Primera Parte del trabajo terminado en 1985.

 

Especial mención merecen los doctores Carlos Medellín Forero,  Decano de Estudios y Director del Departamento de Ciencias Humanas de la Universidad Externado de Colombia, inmolado en los trágicos hechos del Palacio de Justicia,  y Richard Tovar,  Director de Cursos Libres del mismo Departamento, por el apoyo institucional y personal brindado para el adelanto de esta investigación. A ellos se debe que la idea surgida en mi época de estudiante de antropología de la Universidad Nacional de Colombia se hubiera podido convertir en un proyecto realizable.

 

Muchas personas han compartido conmigo estos años de trabajo; quiero recordar ahora a Juan Carlos Gallego, Pilar Sosa Santos, Ricardo Ponce de León, víctima inocente de la violencia desatada por el narcotráfico en Colombia cuando apenas iniciaba una brillante carrera profesional; a Natalia Pradilla, José Fernando Serrano, Adira Amaya, y Belvy Mora, quienes en distintas épocas, unas veces en su condición de alumnos interesados, otras como monitores en mis cursos, y otras trabajando como asistentes de investigación, hicieron invaluables aportes. Obviamente, ninguna de las personas antes mencionadas es responsable de los puntos de vista aquí sustentados, y mucho menos de los errores y debilidades que puedan contener.

 

 

Santafé de Bogotá, D.C., Abril de 1999


INTRODUCCION

 

Como es característico en el conjunto de su obra, Antonio Gramsci no dejó, sobre la cultura, una reflexión ordenada sistemáticamente. En vez de ello, legó una serie de lúcidas y profundas observaciones, dispersas en artículos periodísticos, cartas y cuadernos de notas redactados en prisión. Estas ideas, determinadas y definidas - como diría Locke -, se encuentran, no obstante su dispersión, articuladas por la coherencia de un pensamiento en extremo riguroso y original, negado a todo dogmatismo y abierto a innumerables posibilidades de desarrollo. De allí que la interpretación de un autor tan rico en sugerencias como él, no esté exenta de riesgos y equivocaciones. Su lectura, más que un ejercicio de exégesis o de reconstrucción, es un ejercicio de construcción; es una constante incitación al abandono de la letra y una exhortación a la imaginación. Definitivamente, ante Gramsci no es posible evadir la responsabilidad de asumir el texto para intentar ir más allá de él.

 

En razón de lo anterior, el propósito de este trabajo no se limita a producir una sistematización de la concepción gramsciana de la cultura, sino que pretende, además, avanzar en el intento de formulación de una teoría de la cultura, con la responsabilidad del empeño que ello implica y el riesgo del error.

 

Como anota Gilbert Moget, la concepción de la cultura en Gramsci es "total, universal, no puede separarse de la filosofía de la praxis y por ende, de la historia y de la práctica"[3]. En realidad, Gramsci abre un universo nuevo, descubre una dimensión diferente, plantea la posibilidad de una lectura cultural de la sociedad, en la cual, sin perder su especificidad, se sintetizan los demás elementos que la constituyen, contribuyendo de este modo a delinear el perfil de un modo de ser social distinto del económico o el político. Así, lo cultural adquiere entidad propia, se organiza en un nivel relativamente independiente, observable y analizable, dotado de una naturaleza especial que lo defina en su esencia.

 

En esta concepción no existe la preocupación por dar a cada ciencia la parte de cultura que ella cree debe corresponderle, tal como intenta hacerlo el pensamiento positivo, puesto que la cultura permea todo el cuerpo social y, lo mismo que la política o la economía, está sujeta al juego de las contradicciones que la determinan históricamente. Por lo demás, esta indiferencia hacia la definición de la cultura en relación con las ciencias puede ser explicada por el hecho de que ella se encuentra en el tal vez único  terreno común a todas: el de la unidad entre la teoría y la práctica o, para decirlo utilizando una expresión de Gramsci, en el lugar donde se afirma la necesaria conexión entre el orden de las ideas y el de la acción. Esto significa que toda la realidad es cultura, que no existe nada por fuera de ella, ni el hombre ni la naturaleza, y que cuando las ciencias especializan sus objetos y sus métodos, lo hacen para dar cuenta de su naturaleza resaltando algunas de las relaciones en que entran sus cualidades esenciales.

 

1.     Las dimensiones del concepto de cultura

 

Sin embargo, esta concepción total y universal no hace de la cultura un ente amorfo e indistinto. Por el contrario, de los presupuestos gramscianos se puede deducir la existencia de varias dimensiones del concepto. Estas dimensiones, que dan cuenta de las principales formas de ser de la cultura, corresponden, también, a distintos niveles de abstracción y constituyen los ejes sobre los cuales es posible estructurar una teoría de la cultura.

 

En principio, se pueden distinguir tres dimensiones que van de lo más abstracto a lo concreto: 1) La dimensión uno, o Dimensión Lógica, o Dimensión Antropológica, 2) La dimensión dos,  o Dimensión Lógico Histórica y, 3) La dimensión tres, o Dimensión Real.

 

a.     La dimensión antropológica del concepto de cultura

 

Se refiere a la definición del hombre como ser genérico y apunta a establecer el carácter de la cultura en su aspecto más general; esto es, como la manifestación práctica del ser genérico del hombre o, si se quiere, como la manifestación histórica de su humanidad[4]. Esta caracterización se fundamenta en la tesis de Marx según la cual el hombre es una parte de la naturaleza, vive de ella, se confunde con ella, a ella está ligada su vida física y espiritual. El hombre deviene ser genérico en la medida en que se relaciona con la naturaleza mediante el trabajo, mediante su "actividad vital, consciente y libre". Esta mediación es la que permite producir prácticamente el mundo objetivo en el que él se reconoce a sí mismo como hombre, pues en él se expresan su humanidad y su historicidad.

 

Esta producción práctica del mundo objetivo u objetivación de la vida genérica del hombre es, más concretamente, la cultura. Y esto, exactamente, es lo que quiere decir Gramsci cuando afirma que el hombre es creación histórica y no mera naturaleza. Así, la primera dimensión del concepto de cultura, la dimensión antropológica, es la más general, la más abstracta, la que define  a la cultura en su sentido lógico y la que proporciona el marco de referencia que determina sus otros significados. Se puede decir, en síntesis, que la dimensión antropológica marca el contexto de definición de la categoría en la medida en que establece sus límites y sus alcances. Se denomina "dimensión antropológica" para significar que la cultura es producción humana y con sentido, esencialmente, para el hombre. El Capitulo I presenta el desarrollo de esta primera dimensión.

 

b.     La dimensión histórico abstracta

 

La segunda dimensión del concepto se ubica en un nivel de abstracción diferente, pues da cuenta de las formas específicas de expresión de la cultura, aunque planteadas todavía en el ámbito teórico; es decir, con independencia de las formas histórico concretas que ésta pueda asumir. La «Dimensión Histórico Abstracta» es, propiamente, el modelo lógico de la cultura; describe su estructura general y las relaciones existentes entre los elementos que la constituyen. Esta dimensión actúa como un «operador lógico» que relaciona la «dimensión antropológica» con la «dimensión real».

 

En este segundo nivel de distinción conceptual, la cultura se expresa como: a) Manifestación histórica de una o un conjunto de concepciones del mundo; b) Autoconciencia crítica del ser social; c) Forma de conocimiento y d) Contenido ético - político del estado. La Dimensión Histórico Abstracta permite discutir las relaciones entre el sentido común y la filosofía, la cultura y el folklore, el polémico concepto de «cultura popular», el papel de los intelectuales y de la llamada «opinión pública», entre otros, todo ello en el marco de las relaciones hegemónicas de poder.

 

El desarrollo de esta segunda dimensión del concepto de cultura constituyó el objeto del proyecto financiado por COLCIENCIAS, cuyo informe técnico se presenta en este documento en los capítulos II y III.

 

c.     La dimensión real de la cultura

 

La tercera dimensión, la Dimensión Real o Histórico - Concreta, se refiere a las formas específicas de particularización histórica de la cultura y no a los modelos lógicos que sirven para pensarla; corresponde al dominio de los hechos y no al de teoría. En esta dimensión, la cultura existe como hecho real y objetivo y no como categoría.

 

En consecuencia, si la dimensión real o histórico concreta se refiere a los hechos y no a la teoría, una teoría de la cultura sólo puede ocuparse de las dos dimensiones restantes. La dimensión antropológica hace posible el diseño del contenido de la categoría, mientras la histórico abstracta proporciona su modelo.

 

En el capítulo IV se presentan los resultados preliminares del intento de articulación entre la concepción gramsciana y el paradigma indeterminista, mediante la  sustentación de la propuesta de explicar los mecanismos de producción de hegemonía que están en la base del «modelo  gramsciano», mediante la teoría de las «estructuras disipativas» y del «orden por fluctuaciones».


         


[1] Ver: Pulido Chaves, Orlando, "Gramsci y la Dimensión Antropológica del concepto de Cultura", Revista Foro, Bogotá, Año I, No. 1, Septiembre de 1986, páginas 66 y siguientes.

 

[2] Ver: Pulido Chaves, Orlando, "La Enajenación de la Cultura", Revista 6 de Noviembre, Bogotá, Nos. 3-4, Noviembre de 1986, páginas 92 y siguientes.

[3] Moget, Gilbert, "La concepción de la cultura en Gramsci", en: Gramsci y el Marxismo,  Ed. Proteo, Buenos Aires, 1965, p. 218.

[4] Por "ser genérico" se entiende al hombre cómo género, como especie determinada en función de su condición humana. El ser genérico es el ser humano.

 
All material on this site is (c) copyright to the respective authors but may be copied or printed FOR PERSONAL USE.